Albert Einstein en Cuatro Vientos

Placa 9 GIRADA. Albert Einstein en Cuatro Vientos

Durante la estancia de Albert Einstein en Madrid entre el 1 y el 11 de marzo de 1923 visitó el aeródromo de Cuatro Vientos, en aquella época dentro del término municipal de Carabanchel Alto. El motivo de su visita fue su interés por el Laboratorio Aerodinámico, cuyo elemento central, un túnel aerodinámico de circuito cerrado, fue muy celebre en toda Europa.

Einstein en la estación del Mediodia

Einstein en la estación del Mediodía (marzo de 1923)

El Laboratorio Aerodinámico fue un encargo del general Rodríguez Mourelo, director de Aeronáutica Militar, al comandante Emilio Herrera Linares, considerado el padre de ingeniería aeronáutica española. El laboratorio se terminó en 1922, teniendo como pieza principal el famoso túnel aerodinámico en circuito cerrado proyectado por el mismo Herrera y que, con un diámetro de cuatro metros en la sección de ensayos, era entonces el mayor de Europa y continuaría en funcionamiento hasta la creación del INTA después de la Guerra Civil. En su visita al laboratorio, Einstein trabó amistad con Herrera y mantuvieron correspondencia durante los siguientes años.

Túnel aerodinámico del Aeródromo de Cuatro Vientos (1925)

Túnel aerodinámico del Aeródromo de Cuatro Vientos (1925)

Otro visitante ilustre del laboratorio fue el millonario americano Guggenheim, gran impulsor del desarrollo de la aviación, que dijo al ministro de la guerra que lo que más le había gustado en España era el Laboratorio Aerodinámico. Guggenheim quedó de una pieza al notar que el ministro no sabía que existía el laboratorio.

Laboratorio Aerodinámico del Aeródromo de Cuatro Vientos (1925)

Exterior del laboratorio Aerodinámico del Aeródromo de Cuatro Vientos (1925)

En el número 40 de la Revista Aérea aparecía el siguiente artículo sobre el Laboratorio de Cuatro Vientos:

“Este laboratorio incipiente, como ocurre siempre en los comienzos, tenía muchos defectos, escaso límite de empleo, errores debidos al viento, que falseaba la dirección de la resultante, etc…por lo cual pronto se adoptó el sistema de producir un viento artificial que actuase sobre los cuerpos inmóviles, con grandes ventajas para la comodidad y experiencias.

Herrera siempre fue partidario de la realización de un túnel cerrado, dado que de esta forma, al ser cerrado, se ha evitado un gravísimo mal de los túneles abiertos, dado que éstos falseaban los resultados.Al producirse la succión en la boca de entrada del túnel, el choque del aire con el suelo da lugar a una tromba o torbellino, que sigue a la masa de aire en su movimiento, produciéndose presiones parásitas en direcciones y con intensidades anormales, imposibles de eliminar.Este es el defecto que observó, el entonces comandante Herrera, al contemplar una película del laboratorio belga en que se hacía visible el  fluido en movimiento, produciendo humos en su masa, y dio una explicación científica, en una de sus crónicas, del Memorial de Ingenieros.

En la cámara de ensayos se situaban trozos del ala, elementos fuselados, modelos de aparatos y hasta hélices de aeroplano de 2,60 metros acopladas a sus motores.Los aparatos en que se leían los esfuerzos, tenían sus cuadrantes registradores fuera de la cámara, por lo que las lecturas se hacían con total tranquilidad, alejadas de la corriente de aire.

Una pieza clave de dicho laboratorio, eran las balanzas.Se trataba de una diseñada por el propio Herrera, y otra, por su incondicional auxiliar, el capitán Olivié.

La balanza de Herrera era de hierro, y había sido construida completamente en el propio laboratorio.Un bastidor en el que se coloca unida rígidamente la pieza que se sometía al ensayo,iba apoyada sobre tres ruedas de eje horizontal, registrándose las presiones sobre unos tubos manométricos que proporcionan la componente vertical de la presión del aire.Los componentes en sentido horizontal se obtienen por el empuje que producen otras dos ruedas horizontales, al final de unas barras que se apoyaban en la pared; estos empujes también se registraban manometricamente,y una fotografía de las cinco escalas da los valores en un momento determinado,de los cuales por el cálculo de los momentos en que los brazos de palanca son conocidos, se obtienen las tres componentes octogonales del empuje total,y,por lo tanto,su intensidad y dirección en el espacio.

El otro elemento necesario,la velocidad del viento, se logra por medio de un anemómetro que tiene dos tubos, uno abierto hacia el viento, que produce una presión, y otro en sentido opuesto.” 

Otros lugares que visitó Einstein durante su estancia en Madrid fueron la Residencia de Estudiantes en la cual dio una conferencia que contó con Ortega y Gasset como presentador y traductor, la Universidad Central (actual Complutense), el Ateneo, la Real Academia de Ciencias Exactas donde fue recibido por el rey Alfonso XIII y el Museo del Prado.  También visitó a Santiago Ramón y Cajal y realizó excursiones a Toledo y al Monasterio de El Escorial.

Pasados unos años de la visita de Einstein a España, el panorama político europeo no podía ponerse más negro. Hitler llegó al poder en Alemania y, como judío y pacifista, la situación del genio no parecía ser muy buena en un futuro cercano. Como tantos otros científicos, artistas y, en general, personas perseguidas por razón de sus creencias o su raza, Einstein tuvo que abandonar Alemania. Al suceder esto, medio mundo ofreció un puesto a quien había llevado la ciencia a una nueva revolución. No se trataba de un gesto puramente humanitario, pues contar con el gran Albert en una universidad haría que su prestigio creciera hasta el cielo de forma repentina. Lo intentaron los franceses e ingleses, también los estadounidenses que, finalmente, lograron su propósito. En España, también se intentó. Allá por 1933 desde el gobierno se gritó a los cuatro vientos que Einstein se quedarían en España, más concretamente como catedrático de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, en un instituto de investigación que llevaría el nombre del sabio alemán. Sin embargo, aunque inicialmente Einstein pensó realizar estancias temporales en varias universidades del mundo, incluyendo Madrid en sus planes, decidió fijar su residencia en Princeton.

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